Lo que llevas en los bolsillos

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Leopold Bloom lleva algo en el bolsillo mientras deambula por Dublín.

“Potato I have” es la frase original. Lleva una patata. Un talismán, la patata. Parece ser que la patata tiene una justificación, que se descubre más tarde (yo no la descubro por mi mismo…, me la descubren otros, por supuesto, como tantas cosas en Ulises). Se pensaba que la patata era buena para combatir el reumatismo. Por eso la guarda en el bolsillo. Pero antes de nada: “Potato I have”, es decir, Leopold Bloom sale de casa con una patata en el bolsillo, porque sí, porque le apetece. Gesto extravagante.

“En el escalón de la puerta se palpó el bolsillo del pantalón en busca de la llave. No está ahí. En los pantalones que me quité. Tengo que cogerla. La patata la tengo (potato I have)”

Así dicha es la referencia de algo absurdo.

Molloy (Beckett), lleva varias piedras en el bolsillo de su abrigo, que manosea y, de vez en cuando, saca alguna, se la mete en la boca y la chupa. la parte donde cuenta esto es hilarante (para mi, al menos). No voy a buscarla ahora pero recuerdo reirme bastante mientras Molloy (Beckett) habla de la textura de las piedras, como las cambia de bolsillo, etc.

Beckett extrema el sentido de las cosas. Beckett bebe de Joyce y lo lleva al extremo. En sentido, quizá no en lenguaje. Eso es lo que pienso yo, pero seguro que con tanto estudioso de estos temas, sería fácilmente rebatible.

Bloom y Molloy caminan. Aparentan normalidad. Podrías cruzarte con ellos por la calle y pasarían desapercibidos. Porque lo extraño permanece oculto. Lo extra-ordinario. Lo que no es ordinario, lo que no es normal, presente y sin embargo oculto.

El lenguaje y el sentido.

En realidad los bolsillos son como el alma o la conciencia. La patata o la piedra son presencias corpóreas pero invisibles, como los son ciertos pensamientos o sentimientos, o certezas o reflexiones. Piedras o patatas que tocamos con la mano pero que nadie ve. Ocultas al mundo.

Mira, lo he encontrado. Google es como un gran bolsillo cósmico donde encuentras todo lo perdido. Pones: “molloy piedras” y ¡Voilá!

“Aproveché aquella estancia para aprovisionarme de piedras de succión. Eran guijarros, pero los llamo piedras. Sí, aquella vez adquirí una importante reserva. Las distribuí equitativamente entre mis cuatro bolsillos y las iba chupando por turno. Lo cual planteaba un problema que al principio resolví del modo siguiente. Yo tenía, pongo por caso, dieciséis piedras, cuatro en cada uno de mis cuatro bolsillos (los dos de mi pantalón y los dos de mi abrigo). Tomando una piedra del bolsillo derecho de mi abrigo, y poniéndomela en la boca, la reemplazaba en el bolsillo derecho de mi abrigo por una piedra del bolsillo derecho de mi pantalón, que reemplazaba por una piedra del bolsillo izquierdo de mi abrigo, que reemplazaba por la piedra que tenía en la boca en cuanto terminaba la succión. De modo que siempre había cuatro piedras en cada uno de mis cuatro bolsillos, aunque no exactamente las mismas piedras. Y cuando me volvían las ganas de chupar hundía la mano nuevamente en el bolsillo derecho de mi abrigo, con la certidumbre de que no iba a salirme la misma piedra de antes. Y, mientras la iba succionando, volvía a poner en orden las otras piedras, como acabo de explicar. Y así sucesivamente. Pero sólo a medias me satisfacía esta solución. Pues no se me ocultaba que, por una extraordinaria casualidad, podían estar circulando siempre las mismas cuatro piedras. En cuyo caso, lejos de estar succionando las dieciséis piedras por turno, en realidad estaría succionando sólo cuatro, siempre las mismas, por turno.” 

Molloy, de Samuel Beckett (1951)

 

 

beckett caminando

  1. E

    Nada es lo que parece en el Ulises. Todo tiene una doble interpretación. Juega con nuestros sentidos pero nos exige un esfuerzo intelectual. Casi podemos oler tocar y degustar cada momento del capítulo 4. Vemos a Bloom revolver en sus bolsillos y tropezar con la patata y también podemos descubrir que ésta es uno de los símbolos históricos y políticos más importantes de Irlanda. Lo que hay detrás. La gran hambruna del XIX que produjo la emigración masiva de los irlandeses.

    A mí en particular me encanta este pasaje:

    “La mano cogió el sombrero del gancho encima de su grueso abrigo con sus iniciales y del impermeable de segunda mano de la oficina de objetos perdidos. Sellos: estampas de reverso engomado. Diría que montones de oficiales están en el ajo también. Claro que sí. El marbete sudado en la copa del sombrero le decía mudamente: Plasto: sombreros de gran ca. Fisgó apresuradamente bajo la cinta de cuero. Tira de papel blanco. A buen recaudo.”

    Te preguntas de qué está hablando, qué es ese papel blanco, pero tendrás que esperar hasta el capítulo siguiente para saber que en el sombrero escondía el apartado de correos donde recibe las cartas secretas de Marta Clifford. El muy pillín.

    Me encanta tu post

    E

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