Dickens / Montoro / Yo mismo

charles-dickens.

David Copperfield (la novela de Dickens, no el mago…) es el recorrido vital de un ser humano inglés en el siglo diecinueve. Simple, por un lado, puesto que la vida de Copperfield no es, aparentemente, nada extraordinario. Pero por otro, es el itinerario del héroe, el recorrido de una vida, desde el principio, hasta ese lugar en el que, antes del ocaso, somos capaces de hacer balance y sacar músculo de lo realizado, de haber llegado hasta un lugar desde el que sentirnos, sino orgullosos, al menos satisfechos y en paz con lo hecho. Completar la vida es el objetivo, construir el proyecto vital, la gran tarea mitológica. Cada vida es un prodigio, sin duda, cada vida tiene los componentes necesarios para construir una historia maravillosa.
Dickens escribe muy capitulado, la novela (D.C.) se estructura y define capitulo a capítulo, segmentada, e incluso el título de cada uno de esos capítulos es un guiño a la trama que se desarrolla, a lo que se contará, sin desvelar secretos, claro.
En estos días, uno no puede más que referenciar las teleseries y está claro que el origen son estos libracos llenos de páginas y capítulos que se publicaban por entregas. La gente de la época estaba colgadísima de la trama, haciendo cola en los kioscos (o donde fuera que vendían la prensa) para devorar el siguiente capítulo. Dicen que en el puerto de Nueva York esperaban ansiosos la llegada de los nuevos capítulos de Dickens procedentes de Londres y gritaban a los barcos antes de que atracasen para saber si tal personaje había muerto o no. En un capítulo de Oliver Twist, Dickens le pega un disparo y deja en suspenso su muerte. La gente esperaba ansiosa el siguiente capitulo que era ¡mensual! pero el tío rizó el rizo y en el siguiente hablaba de otra cosa. Tuvieron que esperar dos meses para saber si Oliver moría. Leerse David Copperfield ahora mismo es como tragarse siete temporadas de algo.
No hay flashforwards. Pero sí un enorme flashback: el escritor, el mismo protagonista, rememorando toda su vida pasada, en primera persona, señalándonos cada poco la emoción que siente al recordar y situarse de nuevo delante de acontecimientos vitales, la facilidad para volver a sentir las emociones, las sorpresas, los miedos.

La realidad es un hecho trasformado por las imágenes que recibimos de ella. Sean recuerdos, sueños, rememoraciones, imágenes “prestadas”. Acumulando esas imágenes construimos un relato, el relato de nuestra vida. Al rememorarlas, las imágenes van acompañadas de leves (y a veces no tanto) punzadas emocionales que reverberan lo ocurrido en su momento .

La otra realidad (esa que aparece en los periódicos) es el trasiego de seres humanos interactuando entre sí, manejando los hilos del entorno, el engranaje oscuro y frío del mundo.
Eso es lo que más me llama la atención en David Copperfield. Dickens construye unos personajes magistrales. Define, de forma muy pictórica (Velázquez, Caravaggio…), tipologías humanas rápidamente reconocibles y asimilables, a pesar del diferente entorno y la distancia temporal. Esos personajes se colocan, como piezas de un puzzle, en la maquinaria social. Entre unos y otros tejen la intrincada y desigual red que forma la sociedad.

En David Copperfield, uno de los pilares protagonistas es el siniestro Uriah Heep.

uriah_heep_drawing

Uriah Heep es un ser odioso. Lo mejor de todo es cómo Dickens lo basa todo en su descripción física porque apenas entra hasta el final en sus “motivaciones personales”. Que intuimos pero no conocemos con claridad. Pero su aspecto físico y su forma de actuar, no nos trasmiten buenas vibraciones. Es viscoso, retorcido (todo el rato se retuerce el cuerpo, las piernas, las manos, el cuello…), frío, servicial hasta la náusea, huesudo… Bueno, a mi me recordó a Golum. Y dándole un aire más humano, también pensé en Tom Waits, no sé muy bien por qué. Será que Tom Waits se retuerce todo el rato cuando actúa, que construye una personalidad oscura y retorcida pero un tanto esperpéntica y disfrazada, caricaturesca. Y así es como son muchos de los personajes de Dickens (esperpénticos, etc…). Pero muy auténticos
Huriah Heep da muy mal rollo. Y también me recuerda a Montoro.
Yo veo a Rajoy y a Montoro y me dan un poco de pena. Me pasa con casi todos los políticos, incluso con Bárcenas. Me dan pena. Me parece que la vida que llevan es una mierda. Antes o después, una mierda. ¿Será divertido, estimulante, satisfactorio, pleno, ser Rajoy, ser Montoro?

Yo pensaba de Uriah Heep, al igual que pienso de Montoro, o de Rajoy, que son seres incapaces de conocer la felicidad. Que se dediquen a lo que se dediquen, siempre serán seres infelices, rencorosos, sañudos, miserables.
Hoy he visto una foto de Rajoy, supuestamente dándose una caminata por un maravilloso paisaje gallego y me pareció tremendamente falso, fuera de contexto, como si las malditas vacaciones fueran para él un engorroso trámite que necesitara rellenar con ciertas imágenes para darle verosimilitud. Ni una sonrisa. Además está fofo, sólo tiene sentido trajeado y rodeado del decorado institucional. Con las piernas al aire es penoso. El país no está para sonrisas, pensará. Pero cuándo lo está, si lo piensas de una determinada manera.
Qué personajes más grises. Desde luego, si hay alguien en quien se puede pensar cuando recuerdas a Uriah Heep es en Montoro, el más gris de los grises.
Retorcido. Irónico. Esa flor putrefacta en manos de un monstruo: La ironía. La ironía sólo puede pertenecer a los débiles, a los que sufren, es una arma o un alimento para digerir, para hacer admisible lo inadmisible, o el sufrimiento. La ironía. En manos de los intrigantes, de los poderosos con ropajes de secundarios, es mortal, un líquido ponzoñoso.

El calor del verano me impide trazar líneas, más líneas de fuga para ultimar este relato.
No sé muy bien dónde estoy yo mismo en todo esto. Siempre dando vueltas a la realidad y a la ficción. Simples paralelismos y juegos. Entonces he abierto el libro de Tomas Tranströmer y ha aparecido esto, un haiku:

Tenemos que vivir
con la nítida hierba
y las risas del sótano

Y me he acordado de que existe la poesía. Tanta teleserie y tanto libraco, como chuletones grasientos que se devoran para alimentar los músculos de la conciencia. Proteína animal, clenbuterol para la realidad. ¿Dickens es clenbuterol? No lo sé. Supongo que sí, o algo parecido. La poesía es dieta natural, casi vegana, realidad desnudada para encontrar el sentido o la ausencia de él. La poesía está fuera del mundo. Pero es el mundo.
Y le doy unas vueltas al libro (al de Tranströmer) y me encuentro con esto en el prólogo:
“Tranströmer nos coloca en el mundo, en eso que llamamos realidad y que se diferencia del realismo en que la realidad carece de sentido. Pero nos hace sentir fascinación por existir en él.”
Eso es. Puede ser. No me importan las cuentas en B. Ni la amnistía fiscal. No quiero hablar de Montoro. Tontoro. Casposoro.

Lo mejor es pensar que todos somos personajes, alimentados a lo largo de los años con todo tipo de alimentos, mejores, peores, sanos o tóxicos y que eso nos construye.
Lo mejor es pensar que cada uno de esos personajes hay que alimentarlos, caricaturizarlos, emborronarlos y volverlos a construir. Como Tom Waits.

Y dándome una vuelta por los videos de Tom, en esta noche de calor y estrellas caídas ocultas bajo las nubes, descubro esta joya, dirigida por un tipo que se llama Matt Mahurin y que tiene unas imágenes que te cortan algo.

La realidad y otra cosa. Lo que parece / lo que es. Los personajes que somos. Nosotros.

Un Comentario

  1. nines

    guauuuuu carlitos!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: