Simulacro

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Foto: Jesús Ubera

“se vacían los teatros. Medianoche.
Arden las letras en las fachadas.
La carta sin responder, ese enigma
se hunde en el brillo frío.”
Tomas Tranströmer

Un lugar que habrás abandonado un millón de veces

El tamaño real del sueño es inabarcable, eso que descubres sólo a medias,
la imagen no abarca esa razón.
Destellos, dices siempre, destellos para aclarar la vergüenza
de no encontrar palabras que digan lo apropiado.
¿Qué será lo apropiado? ¿Existe eso?

El sueño es pesadilla. Llegar tarde y mal preparado a ese escenario.
Haberlo olvidado todo. Es el miedo. Miedo escénico.
Estar fuera de control, código rojo. Esta misma noche, por ejemplo (sueño, pesadilla).
A pesar de llevar tanto tiempo alejado y sin manchas en la ropa de los últimos delirios “teatrales”,
hay cicatrices.
Quiero decir que no es nada, no es válido.
Quiero decir que nombrar las cosas está al alcance de cualquiera,
de los niños mismamente. El artista es un idiota complaciente.

“Subirse” a un escenario es marcar una distancia mezquina.
El gesto subversivo será, siempre, estar abajo, más abajo.
 
Y, sin embargo.
“Al nacer, lloramos porque entramos en este vasto manicomio.” Lear.
Sube, dilo. Sube, dilo. repite:

“Al nacer, lloramos porque entramos en este vasto manicomio.” Lear.
¿Lo sabías ya? Sí, siempre, sí.

Decir, nombrar, hablar. Para dar sentido al mundo, para darnos sentido.
El artista como representante,
con una maleta-muestrario repleta de palabras y gesto y materias que abre ante ojos extasiados
convirtiendo en una creación-criatura aquello que no son más que los despojos de los hombres.
 
Vida irreflexiva y hambrienta. Cuanta más comida, más hambre.
Subir al escenario, ser desnudado, ser troceado, ser comido. Ser.
 
Este amanecer es un olvido. Aquel muchacho que desapareció antes de tiempo,
invitado por la muerte a un convite macabro,
la puesta en escena REAL
¿Qué posibilidad tendrá de ser certera convertida en materia artística?

¿Es eso lícito?

 
Simulacro y representación.   

  1. conociendo al poeta carlos fernandez lópez llega ana araña al poeta carlos fernández lópez. Precioso.

    • Gracias, Ana araña, quien fueras fueses o seas. Hay otros Carlos Fernández López, incluso poetas, pero no soy yo. Yo soy este. Sorprendido siempre de que extraños lleguen aquí, lean esto. Digan cosas bonitas. Gracias.

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