Actualidad y coraje

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Fotos de Jesús Ubera. Seguimos dialogando.

Cabe la poesía ante la falta de asideros, en esta situación salvaje en la que nos encontramos. Recursos. Entender o no entender es irrelevante. Conocer todos los detalles es imposible. La razón se pierde en el laberinto de los hechos consumados. De cierta barbarie silenciosa. El mundo cae. El mundo sigue. La poesía flota. Los espacios están más vacíos que nunca. En los tiempos que corren, los paisajes suenan, más que nunca, a ausencia.

Tierra de palabras, abrazadas, huecas algunas:
La imagen revienta en las portadas de los periódicos, ablación
del significado.
Y entonces,
suaves destellos que nos dicen, a ti y a mi, aquello que no somos,
todo lo que la naturaleza fantaseada nos negará de por vida.
La realidad se rompe o reaparece, ésta es la gran incógnita,
las palabras tan familiares se vuelven de repente irreconocibles, como escritas
en un alfabeto exótico y desconocido.
Y entonces,
reaparece la sombra, el deseo oculto, más oculto
si cabe, sombra ensombrecida
por el abismo de discursos.
Y entonces,
vemos el ser abierto en canal, desangrándose boca abajo, apenas
moviendo la cabeza en espasmos involuntarios.

¿Qué ha ocurrido, en tan breve espacio de tiempo, sentado en la misma posición,
sin poder disimular esta vergonzosa perplejidad?

La realidad desprotegida, sin piel ni estrategias, in-comprendida,
animal herido contemplado desde la estúpida parálisis
(tecleamos nerviosos un número desconocido para pedir ayuda)

Y entonces,
queda la posibilidad del discurso rabioso, palabras que vuelan
antes de ser dichas, inútiles, saturadas, reventadas por la intención
de decir más que lo dicho. Odio. Alteración.

¿Se encuentra en ese tajo la solución?

La imagen reflejada en el espejo retrovisor de nuestras vidas
(nuestras vidas juntos: aquello que soñábamos iba a ser el futuro)
es un espectro salido de una película irreal,
asustado y quebradizo.
¿Merece la pena ser olvidado,
aquello que éramos, aquello que, invisible pero repleto de energía,
rodeaba nuestros cuerpos, iluminaba nuestras miradas?

Deberíamos buscar un horizonte que no las necesite (a las palabras)
nunca más, al menos hasta el encuentro con un nuevo futuro;
para eso son y serán siempre importantes, como ladrillos, como cemento
de lo posible, eso nuevo, nunca llegado.
Todo duerme. Piedras, piedras, piedras,
contra la masa de aire caliente donde hemos quedado atrapados,
el tiempo para una respuesta se terminó antes de empezar.

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