Fuera

Richter

Gerhard Richter
Wilhelmshaven. 1969. 50 cm x 70 cm. Oil on canvas

 

 

Ante este tiempo frío.

Observo con una taza entre las manos, más allá,
mi mirada atraviesa un cristal que me parece el más poderoso muro
que puede sujetar la presión de dos mundo antagónicos,
este adentro, aquel afuera, como deben ser los cristales de las naves espaciales,
la vida y la muerte separada por un simple cristal.

Y siento el viento colándose por sitios misteriosos.
Y busco las rendijas con afán detectivesco
¿Cómo es posible que se cuele, por dónde, de qué manera?
Detrás de la ventana, o delante. Dentro o fuera, qué más dará, digo yo, para poder escribir, contar.
(Juraría que el frío es un sustantivo sin sinónimos)
Y la mañana, también lugar poético definitivo, todo, todo lo que observo está aquí,
abotargado a la espera. Dentro.

Hay que concluir los pensamientos con giros inesperados,
sorprendentes, hacer que se enciendan luces momentáneamente cegadoras.
 
Hay que tomar iniciativas residuales,
aquellas que renueven el esfuerzo de la búsqueda, la alternancia.
 
Hay que estar vivo, cualquiera que sea el significado de esto.
 
Hundir las palabras en el deseo.
Identificarse con la ausencia. Ser.
Me digo: Todo eso es Esperanza.
 

Vamos a ordenarlo todo:
Termina la noche, empieza la mañana, observando la luna con el primer café,
restaurando todo lo que había quedado apuntado hace apenas unas horas,
varios pensamientos que resbalaban sin fuerza por la superficie húmeda del cristal.
Compromisos, tareas, tan tenues, justo antes de irme a dormir
que entristecían cualquier intento de ordenación mínimamente rigurosa
Violento cansancio nocturno.

¿Qué es lo que ha pasado en este tiempo de sueño?
Qué le habrá pasado al mundo, a las estrellas, al interior de mi cuerpo.
Entre estos dos instantes, casi idénticos, al menos en el gesto,
en la mirada hacia fuera, mi mano sujetando una taza.

Recuerdo que fuera (de nuevo) había una luz blanca dibujando sombras fantasmagóricas en las cosas,
una luz fría como la iluminación nocturna de una mala película,
donde casi se puede ver a un tío sujetando un foco
mientras asistes al falso descuartizamiento de un inocente.

Se trataba de la luz del campo de fútbol.
Cuando entrena el equipo de fútbol, ya de noche,
en un precioso campo de hierba artificial al lado de mi casa,
todo alrededor se convierte (nos convertimos) en un decorado sobre-iluminado.

(Altas torretas metálicas coronadas por racimos de grandes halógenos
provocando una intoxicación de luz, la concentración máxima
está sobre el verde casi fosforescente del césped
pero también provoca una nube blanquecina que se dispersa
como polvo de luz.)
 
Se iluminaban nocturnos rincones desconocidos,
de manera que todo parecía la “escena de un crimen”.
No sería extraño ver sábanas metálicas tapando cuerpos,
cintas de plástico rojas y blancas acotando espacios.
Pero lo que yo veía desde mi ventana era el patio del vecino
y el esqueleto de una higuera con varios cds colgados de las ramas;
y también un tejado, con tejas antiguas, gordas y viejas tejas abandonadas;
el tejado tiene un agujero en el centro: desfondado o destejado tejado de teja,
como si del cielo hubiera caído un cuerpo extraño.
Y las sillas de playa a rayas del otro vecino, un poco más allá,
plegadas, tapadas con un plástico, hibernado.
Y el árbol.
Un pino castigado con la presencia de algodón de azúcar de la terrible procesionaria.
Todo, iluminado por la nube blanca.
Todo diferente así, una presencia inquietante.
Parecía también que no existía el color. Todo en blanco y negro o grises.

La doble ventana impedía escuchar los silbidos y los gritos del entrenador,
el árbol,
sobretodo el árbol, es lo que cobra más fuerza, ramas, sombra, ramas, sombra,
convertido en el protagonista del still, el fotograma de esta película que me invento.
El árbol. Gusto por el miedo. Miedo de película.

Pero eso fue antes, “hace apenas unas horas”,
por lo que quedó también suspendida la resolución del misterio.

Ahora, de madrugada, he abierto la ventana. Todo está oscuro,
puede que hayan retirado el cadáver.
(¿Qué cadáver?, me pregunto a mi mismo,
sorprendido de este diálogo
sobre algo que sólo una parte de mi parece conocer)
Han apagado la luz. Ahora da mas miedo todo, la oscuridad casi absoluta.
Sólo un pequeño reflejo de la adelgazada luna
y una farola naranja tan a lo lejos que parece que llora, más que iluminar.

Fuera dentro. Antes ahora.
Ciclo.
(¿Si digo ciclo, como período temporal que se cierra a si mismo,
tiene algo que ver con ciclo, de donde monociclo, por ejemplo?
Menudo poeta ignorante.)
 
Ante este tiempo frío. Eso decía.
Allá arriba, al principio.
(El poema es una construcción vertical, no tiene antes o después
sino arriba o abajo. Pero esto no es poema, creo)
Ahora no veo nada fuera, por eso escribo, porque no veo nada fuera.
Porque sólo veo dentro lo que antes vi fuera.
Recuerdo: observar dentro.
Quiero dejarlo todo así. Perder lo observado, agotar esa luz fantasmagórica
que se ha pasado la noche encendida, hasta ahora, final del sueño.

Un Comentario

  1. migueangelpunal

    Dentro o fuera………Bonita sensacion. La recuerdo de pequeño, ese ir y venir de pensamientos enlazados, con la nariz pegada al frio cristal de casa de mis padres, empañandolo con el ir y venir de mi respiracion.
    Bonita sensacion…..

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