Move on

He visto una exposición y me apetecía escribir sobre ella, lo que me ha generado,  algunas reflexiones, etc. Pero es que apenas tengo tiempo para escribir y la exposición termina el día 10, creo, así que escribo esto sobre todo para recomendarla. Fervientemente. Sé que algunos de los que leáis esto y me hagáis caso y vayáis a verla os va a gustar mucho y algunos otros puede que muy poco… Qué tontería. Pero es que  sobre esta idea tan simple es sobre la que quería que fuera mi disertación… Si tuviera tiempo…: Está en Madrid, en la galería Helga de Alvear, Doctor Furquet (O Fourquet, o algo), ya sabéis, al final de Argumosa hacia la izquierda.

Exchange, conect, and move on, algo así, recuerdo.
En castellano no queda tan bien: Intercambia, conecta y muévete.

Es complejo decir: espejos negros. Pero eso hay en la instalación. Esto lo pensé después y de hecho me gustaría volver para verificar que se trata de algo tan extraño como eso, porque en el momento, fascinado con las imágenes, no me di cuenta de algo tan extraño: espejos negros. Igual es una tontería.

Es simple. La idea. La historia.

La instalación de Doug Aitken no lo es tanto. Tiene “cierta” complejidad. Una cabaña redonda, forrada por dentro con espejos negros (¿) y varias pantallas de televisión. La misma película se proyecta en las diferentes pantallas, sólo que con los tiempos rotos e incluso con algunos planos diferentes, más cercanos, más puntuales.
Pero la idea de la película es bastante simple.

Dicen que los americanos están obsesionados con el tema del movimiento, con ir de un sitio a otro, con cruzar su gran país de este a oeste, de norte a sur. No es para menos, con ese país tan grande. Tan diverso.

¿Diverso? Bueno, en realidad, la diversidad hoy día es difícil de definir. Igual todo es diverso. O no. Lo cierto es que el movimiento, los lugares y espacios de la película, tienen ese aire post-moderno de los no-lugares, espacios de tránsito, solitarios aun poblados de gente… Todo muy post-moderno, sí.

Ese movimiento, ese viaje, esos no-lugares, etc. concebidos, filmados, etc. como lo hace Doug Aitken, tienen una “familiaridad”, una empatía que a veces resulta demasiado cercana y lógica, pero que por eso mismo, mola.

La protagonista (de ¿El video? ¿La instalación? ¿La película? ¿La historia? ¿El poema visual?… ) deambula por espacios que pueden pertenecer a muchos lugares del planeta. A muchas historias y experiencias. Además, ese movimiento, ese desapego de la propia vida es muy estimulante, por más que adivinemos que la protagonista de la historia no está precisamente de viaje de placer.

Hay algo “cómodo” también en ese tránsito. También es una idea fácilmente reconocible. Puedes recorrer el planeta casi sin despeinarte. Tendrás jet-lag, tendrás migrañas y mucho sueño o falta de él. Pero con tu maletita de ruedas, de un lado a otro, de ambiente en ambiente, puedes estar en un momento al otro lado del planeta. Desubicación, perdida. Elementos necesarios para, paradójicamente, encontrarse con uno.

Apenas hacen falta algunas palabras para “comprender”. El movimiento, el viaje, nos quita peso, nos facilita el encuentro con lo esencial de uno.

Cloe Sevigny (¿) es lo suficientemente guapa para atraer la atención (tensión) de la cámara. Pero su rostro tiene también un punto “vulgar”, es decir, común a muchos, que en un momento dado puede, por un lado, hacerla pasar más desapercibida y por otro, hacernos identificar con ella.
Bonita elección.

Hay algo espectacular en este trabajo. El espectáculo, eso espectacular que Debord dejó dogmatizado, debe ser comido y regurgitado por los artistas, no queda otra. Eso, o la invisibilidad.

Lo que más me gusta del trabajo de Doug Aitken es la indefinición. No es posible traducir a una palabra qué es lo que hace. Hace arte, claro. Pero no es cine, no es videoarte, no es instalación. Es todo eso. O quizá nada de eso. Cuenta cosas. Sencillas, radicales.

Vi algunos otros trabajos de Aitken hace varios años en Caixforum en Barcelona y la verdad es que me impactaron mucho más. Tenían una poética mucho más abierta y mucho más radical. Pero entiendo esta evolución hacia algo más certero en el lenguaje.

No me extrañaría que en breve se pusiera manos a la obra con una película larga, a la manera de Steve McQueen (el videoartista, no el actor). Si lo hace tan bien como él, estupendo. Sería magnífico ver como una generación de videoartistas revoluciona el cine convencional y radicaliza, sino el lenguaje, al menos una parte de la narrativa, la construcción de ciertas historias. McQueen lo hizo, para mi magistralmente, con  Hunger y no he visto Shame, su última y recién estrenada película, pero me atrevo a recomendarla, con los ojos cerrados. Cuando la vea, os cuento.

El entendimiento lo que busca, al fin y al cabo, es la simpleza.

La simpleza no es peyorativo. Explicar un misterio con pocas palabras, por más que nuestro cerebro esté entrenado para alimentos más sofisticados y necesite buenas y jugosas disertaciones, radicales vericuetos, es todo un Arte. Así, con A mayúscula.

Y juro por Dios que al colgar el video me he dado cuenta por primera vez que el trabajo se llama Black Mirror, espejo negro. Lo juro.

  1. e

    shame te va a decepcionar, creo.
    la expo me acercare a verla.
    un saludo bambino.

    • Shiiiiiit… Pues fíjate que antes de colgar el post pensé en vosotros, malditos cinéfilos, para que me informáriais… En fin, tenía mucha ilusión con la peli, sobretodo por que la última que vi en cine fue el Árbol de la vida, de la cual tenemos una conversación pendiente… Thanks

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