Invisible

Mi amigo Juan Loriente, siempre recorriendo Europa, pisando los mejores escenarios y festivales, entre actuación y actuación se pasea por las ciudades como un ángel invisible rascando de la realidad lo que queda de auténtico, de enigmático, de poético. Yo le he dicho: mándame alguna foto para el blog. Y aquí están.

Montmartre, París.

Veo las fotos y pienso: Barracas de feria vacías en pleno Montmartre. Qué extraño. Quizá se trata de restos de un pasado arqueológico. (Esta es una frase que he usado alguna vez. Usar palabras y frases de nuevo. Usar imágenes ya utilizadas antes, es importante hacer eso en tiempos de crisis): Restos de un pasado arqueológico. Creo que la frase es un contrasentido, pero me da igual, me gusta. Barracas de feria vacías fotografiadas por Juan Loriente desde Montmartre (París)

¿Qué es exactamente Montmartre? ¿Un sueño? ¿un espacio real con una historia irreal? ¿Hay todavía señores con boina pintando en la calle y bebiendo esas cosas que beben los franceses? ¿Hay calles empedradas, escaleras interminables, cafés y música en la calle? ¿Existe Montmartre?

Hace mil años estuve allí pero no me acuerdo. (Juan va muy a menudo a París.  La próxima vez que le vea le diré que me hable de Montmartre, que me hable de sus paseos por París. Porque cuando hablamos de sus viajes, solemos hablar de teatro, de trabajo. Y cuando hablamos de eso importa menos que haya estado en París o en Berlín o en Venecia. Lo que importa no es la ciudad o lo que ve en ella sino lo que hace Juan: trabajar, hacer teatro. Y no puede ser, tenemos que hablar más de las ciudades, de los aeropuertos, de las estaciones).

Montmartre. Barracas (¿Hay forma de nombrar lo que se ve en estas fotografías de otra manera?).

Lo primero que pensé fue en niños. Niños en la feria, jugando y disparando. Pero esa imagen también es irreal. Cuando uno piensa hoy en día en niños y escopetas, hay una distorsión del sentido, algo que no funciona, los-niños-no-deben-usar-armas-de-fuego. Ni siquiera escopetas de feria, es peligroso, es políticamente incorrecto. ¿Entonces? ¿Para quién son esas escopetas? ¿Acaso a los adultos de Montmartre, a los adultos parisinos les interesa disparar escopetas de perdigones? Y sobretodo, en el caso de que ganen un premio ¿Se pasearán por la ciudad con uno de esos peluches? No lo sé. No me los imagino. Invisible respuesta.

Entonces los jóvenes, adolescentes quizá. Sí, es lo más lógico, que sean los adolescentes los que se encarguen de disparar. Pero si uno piensa en “adolescente parisino” le viene a la cabeza un muchacho (a las muchachas nunca les ha interesado mucho disparar escopetas) con los pantalones por debajo de la nalga, zapatillas caras de deporte con los cordones sueltos, entretenido con un móvil última generación, escuchando música, mandando mensajes, descargándose fotos guarras o videos de raperos malotes. No los veo disparando, francamente.

Entonces, restos de un pasado arqueológico. Simplemente.

Pensé que los parisinos son el colmo de la modernidad y me imaginé un museo al aire libre, un museo viviente con restos arqueológicos del siglo pasado: así eran las barracas de feria de hace 50 años, con esto es con lo que se divertían vuestros abuelos, queridos adolescentes, mirad que bonitas, y para hacerlas más verosímiles, hemos puesto ¡personas!, en la misma actitud y posición que antiguamente.

Invisibles presencias de parejas disparando. Él dispara; ella se queda encantada con el osito de peluche. Grupos de jóvenes haciéndose los machotes, engominados, con un cigarrillo en la comisura de los labios. Un policía se pasea con aire chulesco entre las barracas

Pero la ausencia. Se trata de eso. De la ausencia.

He acercado el zoom todo lo que he podido y creo que los precios están en francos. Puede ser. Invisible.

Juan se quedó un buen rato esperando a ver si alguien se acercaba a una de las barracas. Y no se acercó nadie. Quizá los que están vigilando las barracas también son ángeles, destinados a cuidar objetos pasados de moda y tristes. Porque las barracas de feria son, en su mayoría, tristes, melancólicas. Como los circos. Y no entiendo porqué. Tristes, melancólicos e invisibles.

Juan es un ángel de otra categoría y por eso no se ven entre ellos, con los de las barracas, quiero decir. Así que pudo esperar todo el tiempo necesario para hacer estas fotos. Sea lo que sea, me dijo que nadie se acercó durante un buen rato. Nadie. Invisible.

Me parece todo muy triste. Como cuando Juan actuaba con Patri Lamas y a los dos les parecía el escenario muy triste… y ponían unas flores entre los pies de Patri, que estaba boca abajo, haciendo el pino, en medio del escenario.

Yo también pongo flores a los pies de las barracas de Montmartre.

Y además copio unas palabras de Martin Amis que acabo de leer. Me han llamado la atención porque Juan y yo siempre miramos la fecha de nacimiento de las personas que hacen cosas importantes y nos reímos por eso; entonces es un guiño para él. Pero es una cita que me parece muy bonita y apropiada. También para todos los demás. Aquí está:

“Regla número uno: lo más importante de una persona es su fecha de nacimiento. Es la que pone a uno en la historia. Regla número dos: tarde o temprano, toda vida humana llega a ser una tragedia, a veces antes, siempre después. Y aún habrá otras reglas”.

A veces creo que Juan es Dios.

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