Descripción de una imagen

Queridos amigos y amigas: en este momento, 13:30 horas del jueves 1 de diciembre, hay 995 visitas a este blog. Esto quiere decir que a lo largo del día de hoy es más que probable que llegue a las 1.000 visitas. Y esa es una cifra muy emocionante y digna de celebrarse.

Decir 1.000 visitas es como decir, para los que me conocéis más, una semana en la Cuarta Pared con el aforo lleno, por ejemplo. De cualquier manera, ya sé, muchas visitas no son más que un roce leve por la superficie, otras son insistentes amistades que repiten, otras soy yo mismo… Pero son 1.000 visitas y estoy muy contento. Estaba escribiendo una entrada cuando me he dado cuenta de este detalle y me he dicho, mira, voy a incluir una celebración en esta nueva entrada. Se trata de una experiencia bastante fuerte que tuve ayer y que se titula así: “Descripción de una imagen”. Si soy capaz de escribir lo que quería escribir, quizá sea esa la mejor forma de celebrarlo. Lo que pasa es que la entrada trata sobre las imágenes y también sobre buitres. Entonces no sé si queda bien para celebrar la visita número mil (¿Quién será el o la visitante número mil…?) hablar de buitres. Pero si soy capaz de trasmitir lo que quiero trasmitir os daréis cuenta que escribo desde la emoción de mi experiencia de ayer y no desde el simbolismo macabro del buitre.

Vivo en Hoyo de Manzanares, a 36 kilómetros de Madrid. Desde mi casa y desde casi cualquier punto de Hoyo se puede ver un monte que se llama El Picazo. En él hay una colonia de buitres que se pueden ver habitualmente sobrevolando la zona. Nunca he visto más de cuatro o cinco y me he quedado extasiado con la majestuosidad de su vuelo, su juego con las corientes de aire y todo el tiempo que pueden estar planeando sin mover las alas. Fascinante.

Ayer al mediodía, cuando volvía en el coche de recoger a mi hija, vi un montón de buitres sobrevolando la carretera, muy, muy bajo. Y al doblar una curva, además de los que estaban sobrevolando, pude ver a unos 20 ó 30 buitres en el lado izquierdo de la carretera, trasquilándose algún cadáver que no pude identificar. El tramo de carretera es peligroso así que decidí seguir adelante y en un lugar accesible, dar la vuelta. Al volver nos paramos muy cerca de los buitres, como a unos 50 metros; vamos, que podíamos verlos con todo lujo de detalles. Son unos bichos tremendamente grandes. No sé calcular muy bien la envergadura de las alas pero creo que pueden medir perfectamente los 2 ó 3 metros.

Lo primero que pensé fue que no podía registrar aquel magnífico regalo, sin cámara de ningún tipo. Pensé, de forma casi inconsciente, que había algo de lo que estaba viendo que se perdía, todo el rato tenía, además de la emoción de ver los animales (no compartida con mi hija, a la que no le llamaron mucho la atención), la sensación de pérdida. Cierta desesperanza. ¿Por qué? Luego pensé que al no poder registrar aquello era imposible compartirlo. Y ahora, pienso, para eso es para lo que sirven las imágenes: para compartir. Qué conclusión más simple.

Por eso este post no tiene imágenes. Sería muy fácil buscar una foto de un buitre leonado y ponerla para ilustrar. Pero no. Es difícil describir la sensación de ayer con una imagen prestada. Incluso si el post tuviera imágenes no sería lo mismo; he visto esta mañana alguna por internet y no tiene nada que ver con la realidad.

Poruqe muchas veces pienso que las imágenes proponen siempre una realidad distorsionada y si esa distorsión es verosimil, intencionada, etc. es porque en ella hay un consciente sentido artístico. Sino, no es más que una distorsión de la realidad. Una manipulación.

La otra conclusión a la que llegué fue que la imagen podía compartirla de la mejor manera que sé, es decir, describiéndola. A través de la palabra.

Los buitres dan varios saltos, pesados, torpes y despliegan las enormes alas. Muy lentamente levantan el vuelo. Algunos de ellos lo hacen por encima de la carretera, de tal manera que me da un vuelco el corazón el ver ir y venir los coches, que afortunadamente se detienen. Por muy poco no se chocan con los buitres. Uno de ellos (un buitre, no un coche) se separa del grupo y se acerca hacia donde yo estoy. No hacia mi, sino a la zona desde donde estamos mirando. Se desplaza por el suelo dando saltos. Es la hostia de grande. Desde una roca nos observa. Esa especie de gorgera en el cuello, blanca, preciosa. Las garras, enormes (¿Cuántos cadáveres habrá despedazado?). Hay un tipo que ha parado su furgoneta y que camina hacia donde estamos nosotros. Me mira con una sonrisa. Compartimos este extraño y fascinante momento, detenidos en el centro de un día cualquiera, en un sitio cualquiera de la carretera, al lado de Madrid, observando buitres. “Impresionante, ¿Verdad?”, me dice. “Un espectáculo”, le contesto yo. Entonces me doy cuenta de que los estamos asustando un poco, que están inquietos y que eso les pone en peligro, a ellos y a los coches. Nos vamos. Mi hija me pregunta que porqué estaban allí tantos buitres y le digo que se comen a los animales muertos y esta información parece que despierta su interés más que la de la visión de los propios buitres. Hace poco, Celia, mi hija, vio un jabalí muerto y eviscerado encima de un coche, recién cazado. Le conté lo que habían hecho con él y me dijo: “Papi, a ti no te van a matar como a un jabalí, ¿Verdad?”. Le dije: “Espero que no”.  Desde entonces tiene mucha curiosidad con los bichos muertos, los bichos grandes, claro.

Mientras volvía a casa me acordé de un artículo que recorté hace mogollón de años y que ahora no encuentro. Se trataba de un ritual budista que suele hacerse en Tibet y que se llama (el nombre no se me olvidó), “Enterramientos en el cielo”. Se trata basicamente de descuartizar los cuerpos de las personas muertas y darle los restos a los buitres. Hay una justificación religiosa en base a la vida que da la vida, el cuerpo sin alma que ya no es más que materia, etc. Pero hay otra más prosaica que es que en la zona donde se practica, el suelo suele estar congelado la mayor parte del año y es casi imposible cavar una tumba y apenas hay árboles con lo que tampoco se pueden incinerar.

Ese ritual secreto (cuando recorté el artículo decía que no les dejaron grabar imágenes desde cerca y que las personas que se encargaban de él eran reacias a hablar), ya no es tan secreto. En apenas unos años, gracias o por desgracias de youtube y demás (los carroñeros de las imágenes, podríamos decir), el ritual ya es posible verlo en video, fotos, etc. He encontrado uno magnífico, pero no lo voy a colgar directamente, ni siquiera como enlace; pongo la dirección y el morboso o morbosa que quiera verlo tiene que copiar, pegar, irse de aquí y esperar. No, no se trata de nada morboso. Es duro pero no morboso. A mi me ha provocado una perplejidad y un asombro poco definible, pues sé que se trata de un ritual religioso y místico, aunque es la mar de prosaico como lo hacen. Me ha parecido más bien emocionante y sobrecogedor. El lugar está bendecido por un lama, el descuartizamiento es realizado por una persona preparada y autorizada, etc.

Este está entero y hay una breve explicación al principio bastante interesante

http://www.youtube.com/watch?v=X-fIbkDK3Vk&feature=related

En este falta el principio pero se ve mucho mejor

http://www.youtube.com/watch?v=bbCtfHQYwuY&feature=related

Después de la parte más dura, hay un breve texto precioso, sobre el abandono del cuerpo y la reencarnación.

Pausa. He dejado la redacción y retomo por la noche. ¡Ya hay 1.005 visitas!

Viendo los videos me acordé de un texto que nunca llegué a publicar sobre Bataille y la famosa foto de la “tortura china”. Se trata de una foto que llegó a sus manos y que cambió su vida, según decía. Fruto de esa foto fue el libro “las lágrimas de Eros”, en la que Bataille sigue investigando en la relación entre la pulsión sexual y el instinto de muerte, que para él estaban muy próximos.

La fotografía forma parte de una serie que “ilustra” la ejecución de un reo en China en 1905 aproximadamente. El tipo de ejecución se conocía como Lingchi y se trataba del desmembramiento progresivo del condenado (vivo). Una auténtica “tortura china”.

La fotografía que cambió la vida de Bataille, a mí me parece espantosa pero no me traspasa, ni mucho menos, como a él. La sonrisa del reo, que para Bataille significaba un placer sensual en la cercanía con la muerte, a mi me parece del todo casual. Entre Bataille y yo hay una inmensa galería de horrores en forma de imágenes que han abierto una brecha enorme entre su forma de percibir el mundo, el horror, la muerte y la mía. A parte de otras cosas, claro, otros objetivos, etc. También una moderna historia de la manipulación y del descubrimiento de las posibilidades de trasformación de una imagen al gusto. De hecho, la primera pregunta que yo (quizá el yo de muchos contemporáneos) me hago al ver la fotografía que cambió la vida de Bataille es: ¿Será todo esto verdad? ¿No estará trucada?

Como anécdota, hay que decir que Bataille se confunde con el nombre de la víctima. La fotografía se conoce como La ejecución de Fu-zhu-li, y así es como la llama Bataille. Pero Fu-zhu-li es un hombre y la persona de la fotografía de Bataille es una mujer.

Aquí figura la fotografía de Bataille

http://turandot.ish-lyon.cnrs.fr/Event.php?ID=10

Y estas son las del verdadero Fu-zhu-li

http://turandot.ish-lyon.cnrs.fr/Event.php?ID=1&

Dejando de lado a Bataille y sus teorías pienso que la diferencia entre él y yo es que él recibe la foto en sus manos, un objeto real, un fetiche y lo vacía de contexto; en cambio yo, me meto en Internet y en un momento descubro un montón de cosas. Por ejemplo, que el nombre no se corresponde al de la foto; o que antes de la tortura, el reo está ciego de opio, con lo cual no se debe de enterar de mucho, lo que permite al verdugo actuar con tranquilidad y al reo sonreír, aparentemente.

Lo que creo que cada vez es más difícil, es establecer teorías o juicios o posicionamientos de cualquier tipo gracias sólo a una imagen; aunque no estoy del todo seguro. En un libro hermoso, “Imágenes pese a todo”, George Didi-Huberman sí defiende el valor de las imágenes como testimonio y como ayuda para conocer mejor nuestra historia:

“La cuestión de las imágenes está en el centro de esta gran confusión del tiempo, nuestro “malestar en la cultura”. Habría que saber mirar en las imágenes a lo que han sobrevivido. Para que la historia, liberada del puro pasado (este absoluto, esta abstracción), nos ayuda a abrir el presente de los tiempos.”

 

Vuelvo a los buitres. Dejo las imágenes porque creo que estoy mezclando demasiado. O no.
Cuando llego a casa, Marisa, mi mujer, está hablando por teléfono y yo me subo por las paredes proque no le puedo trasmitir mi emoción, el estado en el que llego después del espectáculo. Cuando se lo cuento me mira extrañada por el exceso de pasión al contarlo e incluso escenificarlo. Me dice: “Imitas muy bien a los buitres”. Me quedo pensando y le digo: “De pequeño quería ser biólogo. Por Felíx, básicamente”. Claro, Felíx Rodriguez de la Fuente. Cuando se emitía El hombre y la tierra yo tenía 10 años. Y lloré cuando se murió. Él me trasmitió el amor por los animales y la naturaleza. Os podéis reir peor no hay ninguna ironía, os lo juro.
La naturaleza y las imágenes. Eso es todo.
Estoy escribiendo ya el viernes 2 de diciembre. Las visitas están en 1014. Estoy muy contento, aunque haya escrito un post tan macabro para celebrarlo. He conseguido hacerlo sin ninguna imagen en él. ¿O no?
http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-hombre-y-la-tierra/hombre-tierra-buitre-leonado-primera-parte/737119/

  1. nines martín

    El hombre y la tierra, el hombre y la tierra, el hombre y la tierra, el hombre y la tierra, el hombre y la tierra, el hombre y la tierra , el hombre y la tierra, el hombre y la tierra, el hombre y la tierraelhombreylatierraelhombreylatierraelhombreylatierraelhombreylatierra…………………………………………………..

  2. ¡Eeeeeh! ¡Mi foto se ve en pequeñito en la portada del blog! 🙂
    Y acabo de darme cuenta de que la fecha de este post es ¡el día de mi cumpleaños!
    No me había fijado antes, con tanto buitre en la cabeza.
    Besitos, Valón.

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