no hay derrota

Podría decir: “Malgasté mi presencia”,
como inicio de un relato cansado de palabras,
misterioso poema sobre el tiempo o algo así;
Pero desde hace ya (¿Mucho tiempo?) lo que huele a pasado, lo que sabe a renuncia
me parece indecente,
por los tiempos que corren, nunca mejor dicho,
por las circunstancias reales de la pérdida.
(¿De la pérdida? ¿De qué pérdida?)

Describo la imagen de un corazón de tela clavado en la pared.
No es exactamente el corazón el que está clavado,
sino que tiene una cuerdecilla de hilo de unos quince centímetros y de ella se sujeta,
gracias a una chincheta
Vaya nombre más gilipollas: chincheta

Frágil corazón de tela, desamparado, se mueve cuando hay corrientes de aire,
aunque sean pequeñas, por ejemplo cuando alguien pasa rápido cerca de él.
Pensé: es el corazón el que habla desde la pared, “malgasté mi presencia”, dice,
como un objeto de dibujos animados,
de esos que hablan en silencio estableciendo una relación enigmática con los espectadores
¿Dónde están sus ojos? ¿Dónde está su lengua?

Malgasté mi presencia, relato en tres palabras,
no fui aquí, no estuve certero,
me volví casi invisible,
me ceñí la derrota como si estuviera jugando a caballeros medievales,
qué bonita armadura, qué incómoda, qué risa.
¡La derrota!
No debe nombrarse así, no, no es justo.
¿Cómo no te diste cuenta? ¿Cómo desactivaste la señal de alarma de la supervivencia?

Fotos:
1.- Joe
2.- Frank
De Graham Miller

  1. Alicia

    Pobre corazón de tela que no sabe que sus movientos mueven oceanos al otro lado del espejo.

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