Venecia y el talento

Dominó. Las fichas de una reflexión anecdótica, colocadas unas al lado de otras, cayendo en suave cadencia:

Acabo de leer El talento de Mr. Ripley de Patricia Highsmith. Nunca había leido nada de PH. A una novela de este estilo (no estoy acostumbrado a leer novela negra o como sea que se llame esto, lo que escribía Highsmith), parece como que le sobran las palabras. Es decir, los acontecimientos son narrados gracias al vehículo de las palabras, pero necesitas que ocurran cosas a una velocidad mayor de la que las palabras son capaces de destilar. Acontecimientos detrás de acontecimientos, sucesión de tensiones no resueltas… hasta el final. Esa es su adicción. Una sensación que no me ocurría desde hace años, la de querer avanzar más rápido de lo que permite la mirada (la lectura), mirar de reojo la página de al lado, saltarme algún párrafo o leerlo por encima como cuando lees el periódico, por ejemplo, sólo para pillar la idea y conseguir avanzar más rápido. Adelante, adelante. Todo el rato pensando si lo estoy haciendo bien o mal… qué chorrada.

Nueva York, Nápoles, Roma, San Remo, París, Venecia, Atenas. Un recorrido por todas estas ciudades, ciudades que parecen de un pasado casi prehistórico, transitando por ellos como si se tratara de grandes pueblones cargados de historia.

Ripley es un psicópata pero los personajes que le rodean, miembros de clases sociales ociosas, absurdas, adineradas, le hacen bueno, le convierten en el héroe. Ese es el secreto de la novela. Normalizar lo extraordinario, hacerlo lógico: el asesinato, el engaño, la huida. Lo que rodea a Ripley es tan absurdo que muestras simpatía por él, por lo que le sucede.

Nada más terminar la novela me bajo la película de Anthony Minghella. La veo, pero me produce una sensación muy extraña. Minghella entra a machetazos en la novela, suprime la minuciosidad de la narración de los acontecimientos, limpia y poda la trama de forma brutal, el laberinto de engaños, equívocos, tensiones, etc. También le da un aire irreal que la novela no tiene. El personaje de Dickie en la novela quiere ser pintor, y pinta. Te crees que pinta y te crees que no lo hace del todo bien. Jude Law (No sé si Minghella ha elegido a algunos de los actores porque son tontos y se ahorra el trabajo de idiotizar a los personajes…) hace que toca el saxofón estupendamente pero no te lo crees nada (las escenas de jazz parecen videoclips malos.)
Para colmo le da un final que no existe en la novela.
Y simplifica tremendamente las relaciones. Esto es lo más extraño.
Mientras leía la novela y en momentos de extraña tensión erótica “no resuelta”, me vino a la cabeza algo que había leído de Zizek sobre Mr. Ripley (lo había leído sin conocer la novela ni la peli). Busco y efectivamente está en el libro “lacrimae rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio”.
Viene a decir que Minghella saca a la luz en la película lo que “supuestamente” Highsmith no podía hacer teniendo en cuenta la época en la que escribió la novela y que podría estar implícito en la narración: la homosexualidad de Ripley y su deseo hacia Dickie. Dice Zizek:

“El ejemplo de El talento de Mr. Ripley deja claro cuál es el fallo de esta estrategia aparentemente “más radical que el original”, que pretende sacar a la luz su contenido implícito o reprimido: lo importante en el original no era solo la “represión” del contenido presuntamente prohibido (sexual, etc.), sino el vacío creado por esta misma “represión”. Lo que se pierde con la estrategia de rellenar los huecos en el caso de Ripley es la fría y monstruosa falta de psicología del personaje, que se acerca siniestramente a una extraña “normalidad”. En otras palabras, ¿No podría ser que al “rellenar los huecos” y “mostrarlo todo” lo que hiciéramos fuera eliminar el vacío como tal, y con ello, en último término, el propio vacío de la subjetividad?”

Resumiendo: en la novela, hay una pulsión erótica extraña, llena de recovecos, sorda, no resuelta. En la película, básicamente Tom Ripley se quiere tirar a Dickie. El crimen de Ripley en la película parece un crimen pasional cuando en la novela todo es mucho más complejo e inquietante: el asesinato es un engorroso trámite para conseguir construirse una vida que no le pertenece, ese andamiaje falso que crea a golpe de “talento”.

Pues eso: vivan el vacío, los huecos y la subjetividad. Ellos son los que colocan al espectador-lector en una posición privilegiada de “autor”, construyendo al mismo tiempo que observa-lee, lo que no se dice, lo que no se ve. No del todo.

El cine comercial, aún el mejor cine comercial, es una apisonadora de detalles y tejidos, un truco, aprovechando la fascinación que (todavía) ejerce sobre nosotros la imagen, los rostros bellos, la música.
Si Patricia Highsmith hubiera escrito la historia de Mr. Ripley tal y como la cuenta Minghella sería infumable. Pero Minghella construye un “producto” que seguro le habrá hecho ganar mucho dinero. Y la película la ha visto mogollón de gente, supongo.
Acabo de descubrir que Anthony Minghella se ha muerto. Fíjate. Sólo tenía 54 años.
Su película más famosa es El paciente inglés, esa lacrimógena y dominical película… a partir de una novela de Michael Ondaatje que no he leído (aunque sí he leído Las obras completas de Billy el Niño, que recomiendo)
Y he encontrado estas palabras de Minghella sobre El paciente inglés (libro):
“Es un poema disfrazado de novela. Te arrastra a sus misterios y obsesiones, te hace señas con sus hechizos y elipsis, su extraña arquitectura, su formalidad y su astuto humor. Y entonces te rompe el corazón. La estructura de esta novela nos recuerda que la historia –tanto la pública como la privada- es un mosaico, y que los artistas se encargan de unir sus fragmentos para sugerir patrones y significados, para ayudarnos a encontrar el sentido de nosotros mismos.”
Caray. Puede hacer pelis comerciales y un tanto tramposas, pero tonto no es (era).  
 
(Posibles fichas del dominó: un par de cosas sobre Billy el Niño, pero prefiero dejarlo para otro post. Dominó interrumpido.)
 
Otras fichas: Patricia Highsmith escribió una serie de Ripleys. Uno de ellos es El juego de Ripley, novela en que se basa Win Wenders para hacer Mi amigo americano. En cuanto pueda repito el ejercicio: me leo la novela y luego me vuelvo a ver la peli. La vi hace años y recuerdo que no me gustó mucho. (Más fichas del dominó: Dennis Hopper, Wenders…)

La única frase que he subrayado de El talento de Mr. Ripley es esta:
“Su forma de mirar en aquel instante era la propia de una madre o una hermana mayor… la inveterada aversión femenina hacia los juegos destructivos de los niños y los hombres.”
 
Última cosa. Primera cosa. Venecia. Este es el momento en el que Tom Ripley ha conseguido, aunque sea momentáneamente, la vida que desea. En un paisaje decadente y culturalmente exuberante, con dinero, libre y solo.

Es probable que no haya mejor ciudad que represente la cultura europea que Venecia.

Hace unos años estuve allí unos días e intenté grabar Venecia sin que se viera Venecia. Una tontería como otra cualquiera. Este video es un ejemplo.

 

Pensé que podría ser unos minutos antes de que el mundo se hundiera bajo el agua. Imagínatelo. Se acerca una gran catástrofe, lenta catástrofe. Antes de que ocurra, algunos han construido ciudades flotantes para sobrevivir aunque sea unas cuantas semanas más o a la espera de que una parte del mundo vuelva a resurgir del agua. Antes de que todo desaparezca en el agua, algunas de estas ciudades flotantes se acercan a lugares emblemáticos de la humanidad; para echar un último vistazo, para hacer unas fotografías como último vestigio de un mundo a punto de desaparecer.

 
Y cae la última ficha. Buscando la foto de Highsmith, me encuentro con este artículo brillante de Vila-matas sobre PH.
http://www.elpais.com/articulo/portada/Protegiendo/secreto/elpepuculbab/20110108elpbabpor_48/Tes

(Nota: un escritor de blog literario mal-intencionado, del que hablaré quizá en otro momento, escribe a menudo “Enrique Vila-Matas” porque sabe que su nombre es cebo en los buscadores y así recalará más gente en su propio blog…)

Fin

  1. e

    Hombre, la que no esta nada mal, es “a pleno sol”, de rene clement. es de los 60, con alain delon en el papel de ripley, y es una pelicula seca y extraña, que no explica nada, en la que las motivaciones y deseos de los personajes estan desdibujados, con extraños saltos y acciones en las que la causalidad se difumina. supongo que se acerca mas a su modelo literario.
    un abrazo, blogger.

  2. Ya había oido de “a pleno sol” pero la tesis sobre Highsmith la voy a ir haciendo de a pocos que tampoco es para tanto… De todas formas como nos vamos a pasar los teras en algún momento, ya me la veo.
    Abrazo! y gracias

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