babel

Voy a empezar por el final.
Un texto de un trabajo que marca el final de una tarea imposible.

Ahora es diferente de cuando lo escribí, hace menos de un año. Porque yo soy diferente. Quizá lo escribiría de otra manera. Un compañero me lo ha pedido para meterlo en un libro que está escribiendo, sobre cuerpos, intimidad y otras cosas, creo.

 

Gabriel está sentada a la izquierda de Dios
Es uno de los tres arcángeles de la Corte Celestial.
 
Gabriel, el ángel de la Muerte
pero también el Ángel portador de buenas noticias
jefe de una corte de querubines encargados
de interceder entre los hombres y Dios.
Gabriel, el Ángel con la espada en la mano
impartiendo la justicia divina
 
Gabriel.
 
La voz de la zarza ardiente.
Conocedor de las 70 lenguas que terminaron hablándose en Babel.
Hombre o mujer indistintamente.
El Ángel de la verdad.
 
Dios le llamaba Muerte.
Le gustaba llamarle Muerte.
 
Baja Muerte. Baja. Le dijo un día.
Y destruye esas dos ciudades.
Destrúyelo todo, acaba con todo,
redúcelo a cenizas, a polvo de sal, a desierto.
Acaba con todo lo más rápido que puedas.
Diles a ellos que no miren atrás.
Diles que no jueguen conmigo, que no están salvados
Si a alguno de ellos le vence la curiosidad y mira atrás,
conviértelo en estatua de sal.
Ve, Gabriel, baja Muerte y acaba con todo.
 
 
Gabriel.
Con toda su fuerza separó las aguas del Mar Rojo
para que Moisés pudiera huir de Egipto.
 
Dice el Talmud que una vez Gabriel cayó en desgracia:
“Me mantuvieron durante 21 días fuera de la corte celestial
por no obedecer una orden de forma exacta”.
 
 
Otro día Dios le dijo:
Baja y confúndelos.
Confunde sus lenguas, consigue que no se entiendan
y así, desistan de construir esa torre.
Y Gabriel bajó y se inventó 70 lenguas diferentes
que colocó en las bocas de los hombres y mujeres que construían la torre.
Y cuando volvió al Cielo le preguntó a Dios
cual era la causa de su castigo;
Y Dios le contestó: la soberbia.
¿Y qué es la soberbia, Señor?
Un pecado horrible que consiste en desafiar mi poder,
en creer que ellos son tan importantes como yo.
Y Gabriel le dijo:
Señor, antes de confundir sus lenguas, yo hablé con ellos
y no es la soberbia la que les empuja a construir unidos esa torre.
¿Qué es entonces?
No lo sé.
He visto un fuego en sus ojos,
un deseo que es desconocido para mi,
algo inalcanzable, una fuerza que agota mi capacidad de entender.
¿Cuál es en verdad la razón, Señor?
¿Cuál es la razón?
¿Qué es eso de la soberbia que tanto te asusta?
 
Y Dios le mandó callar y le dijo:
quiero que salgas de aquí
y no quiero que vuelvas hasta pasados 21 días.
Te castigo a vagar por el mundo durante 21 días
 
 
Entonces Gabriel bajó a la Tierra
y al primer lugar al que se dirigió fue a Babilonia,
para comprobar el efecto de la confusión
y ver el estado en el que había quedado la construcción de la torre.
Vio como todavía multitudes abandonaban el lugar,
desperdigándose por la tierra como Dios había deseado.
Vio el horror en las caras de aquellos que hasta ese momento
habían sido amigos, compañeros, familiares
y que ahora eran incapaces de entender lo que se decían los unos a los otros.
 
Y cuando todos los alrededores de la torre estuvieron vacíos,
Gabriel se acercó a las entrañas en construcción del gran edificio
y vio que dentro había luz que provenía de algunos fuegos
alrededor de los cuáles todavía quedaban grupos de personas
cabizbajos y en silencio.
Y pasaron varios días
y aquella gente no se decidía a abandonar el lugar.
Y Gabriel paseaba entre ellos
y escuchaba sus lamentos
y entendía las palabras de todos
dándose cuenta que todos decían lo mismo
aún en diferentes idiomas:
¿Qué es lo que está pasando?
¿Qué vamos a hacer ahora?
Y Gabriel vio como poco a poco
todos los integrantes de aquel grupo
comenzaron a hacerse entender
mediante signos, miradas, gestos.
Y como decidieron seguir adelante, sin palabras,
adelante en la construcción de la torre.
¿Qué importa lo que diga Dios? se decían señalando al cielo.
Y Gabriel temblaba al oír el nombre de Dios en tanta lenguas diferentes,
el nombre de Dios dicho con odio, con indiferencia.
Y los hombres y mujeres que se quedaron allí
decidieron seguir adelante con la construcción de la torre,
siguiendo la ruta marcada en los planos de construcción,
sabiendo que nunca lograrían conseguir ellos solos
ni tan siquiera una milésima parte
de lo que se habían propuesto en un principio
pero dispuestos a no abandonar,
a seguir adelante,
desafiando el poder incomprensible de Dios, todos juntos.
Y Gabriel les acompañó en silencio durante 21 días,
hasta que tuvo que volver a la corte celestial
Y cuando llegó, Dios le miró y le preguntó dónde había estado
y Gabriel guardó silencio durante un largo rato y le contestó:
tan solo vagando por el mundo.
Y Dios se dio por satisfecho y Gabriel volvió a sus tareas.
Y durante muchos años Gabriel aprovechaba cualquier ocasión
para visitar la torre y los que la habitaban
que con el paso del tiempo se inventaron un lenguaje burdo y rudimentario
hecho de retales de palabras de todos los idiomas,
así, durante años,
Hasta que un día y estando presente Gabriel,
miraron la ruinosa torre y dijeron:
Ya está. Ya es suficiente. Ya hemos hecho lo suficiente.
Ya hemos cumplido nuestra parte.
Ya podemos comer y beber en paz y celebrarlo.
Y Gabriel brindó con ellos.   
La ciudad se extiende más allá de mi vista. Me gustaría escribir sobre esta sensación de construir al mismo tiempo que se sueña

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